Introducción
La trascendencia de las fluctuaciones de la mente y el despertar de la pura conciencia encuentran su ápice en la octava y última etapa del recorrido delineado por Patanjali en los Yoga Sutras: el Samadhi. Dentro de la estructura del Ashtanga Yoga —el sendero de los ocho miembros—, este estado representa no solo la línea de meta, sino la plena maduración de todas las disciplinas físicas, energéticas y mentales cultivadas previamente por el practicante. Se trata del momento en que el esfuerzo consciente cede su lugar a la espontaneidad de la percepción pura, consolidando el propósito último del Yoga: la liberación espiritual.
El Concepto de Samadhi y su Definición Clásica
La palabra Samadhi deriva de las raíces sánscritas sam (junto, completamente), ā (hacia) y dhā (colocar, sostener). En términos etimológicos, significa "reunir completamente", "fusionar" o "establecer en perfecta armonía". En el contexto de la psicología y de la filosofía clásica del Yoga, el Samadhi se define como el estado de absorción meditativa profunda y total, en el cual la mente se vuelve perfectamente unificada con el objeto de su contemplación.
Patanjali, en el tercer capítulo de su obra (Vibhuti Pada, Sutra III.3), define este estado con precisión científica:
तदेवार्थमात्रनिर्भासं स्वरूपशून्यमिव समाधिः॥
"El Samadhi es aquella condición en la cual solo el objeto de la meditación brilla intensamente, quedando la mente como si estuviera desprovista de su propia forma o identidad."
Para comprender esta definición, es necesario observar la disolución de una tríada cognitiva fundamental que opera durante las etapas anteriores del entrenamiento mental. En el estado común e incluso en etapas preliminares de interiorización, la conciencia está fragmentada en tres componentes distintos:
- El sujeto: el practicante que realiza la acción de meditar (grahita).
- El proceso: el acto o instrumento de la meditación en sí (grahana).
- El objeto: el foco o punto elegido para la concentración (grahya).
En el Samadhi, la corriente de atención se vuelve tan fluida, continua y sutil que la autoconciencia del sujeto ("yo estoy meditando") desaparece por completo. La mente pierde su rigidez egoica, volviéndose límpida como un cristal purísimo que asume integralmente el color del objeto colocado debajo de él. Lo que queda es solo la esencia pura del objeto, desprovista de los filtros conceptuales, nombres (shabda) o proyecciones mentales creadas por el observador.
La Integración del Samadhi en el Contexto de los Ocho Miembros
El Ashtanga Yoga de Patanjali es un sistema orgánico y progresivo, dividido tradicionalmente entre miembros externos (bahiranga) y miembros internos (antaranga). El Samadhi corona el grupo de los miembros internos, posicionándose en relación directa e indisoluble con las etapas que lo anteceden.
Las primeras cinco etapas —Yamas (conductas sociales), Niyamas (disciplinas individuales), Asana (postura estable), Pranayama (regulación de la fuerza vital) y Pratyahara (recogimiento de los sentidos)— preparan el terreno psicofísico. Purifican el cuerpo, estabilizan el sistema nervioso y desconectan la mente de las distracciones del entorno externo.
Una vez cruzada la frontera del recogimiento sensorial (Pratyahara), el practicante entra en la dimensión puramente mental y meditativa del Yoga, compuesta por la tríada final: Dharana (concentración), Dhyana (meditación) y Samadhi (absorción). Estos tres miembros representan, en realidad, diferentes intensidades de un mismo proceso continuo de enfoque, denominado por Patanjali como Samyama:
- Dharana: Es la fijación de la mente en un único punto o región (deshabandha). Aquí, hay un esfuerzo continuo para regresar la atención siempre que esta se dispersa. El flujo de pensamientos es intermitente.
- Dhyana: Es el flujo ininterrumpido de cognición hacia ese punto de enfoque. La atención se vuelve continua, como el verter estable del aceite de un recipiente a otro. Sin embargo, el practicante todavía mantiene la dualidad entre sí mismo y el objeto.
- Samadhi: Es el desenlace natural de Dhyana. El flujo ininterrumpido de atención alcanza tal nivel de refinamiento que la separación entre el meditador y el objeto se derrumba. El esfuerzo cesa y ocurre la fusión completa.
Sin la base sólida de los miembros anteriores, el Samadhi sería inalcanzable, pues una mente agitada por conflictos éticos (Yamas y Niyamas) o un cuerpo inestable y tenso (Asana) impedirían la inmersión profunda necesaria para la absorción total.
Los Estadios y Niveles de Absorción
Patanjali detalla de forma minuciosa que el Samadhi no es un estado estático, sino una experiencia que se profundiza en diferentes capas de sutileza. En el primer capítulo de la obra (Samadhi Pada), clasifica el fenómeno en dos grandes categorías evolutivas:
1. Samprajnata Samadhi (Absorción con Conciencia Cognitiva)
También conocido como Sabija Samadhi (absorción con semilla), este estadio utiliza un soporte mental u objeto de enfoque. La mente está completamente absorbida, pero aún opera en asociación con rasgos sutiles de intelección y discernimiento. Se subdivide progresivamente en:
- Savitarka y Nirvitarka: Absorción asociada a objetos densos de la manifestación material, inicialmente acompañada de lógica y análisis conceptual, y luego purificada de ellos.
- Savichara y Nirvichara: Absorción que se mueve más allá de la materia densa, enfocándose en principios sutiles de la naturaleza (como energías elementales, tanmatras y el funcionamiento de la propia mente).
- Sananda: Un estado de inmensa bienaventuranza y alegría interior, que surge cuando la mente se absorbe en los instrumentos de percepción y en los sentidos refinados.
- Sasmita: La absorción en la forma más pura del ego, la percepción refinada y primordial del "yo existo" (asmita), libre de roles o identidades sociales.
2. Asamprajnata Samadhi (Absorción Supracognitiva)
El estadio culminante, también denominado Nirbija Samadhi (absorción sin semilla). Aquí, todo y cualquier soporte cognitivo o semilla de pensamiento es trascendido. Ya no hay un objeto externo o interno que percibir; la propia mente se recoge en su causa original. Todas las impresiones latentes (samskaras) que generan deseos, miedos y fluctuaciones futuras son quemadas por el fuego de la sabiduría intuitiva y suprema (Ritambhara Prajna).
Conclusión: El Fruto Supremo del Recorrido
El Samadhi participa en el mapa de Patanjali como la llave maestra que abre las puertas hacia la emancipación definitiva del Ser. No debe confundirse con un trance místico pasivo, una huida de la realidad o una pérdida de conciencia; al contrario, se trata del estado de lucidez más elevado y despierto que el ser humano puede alcanzar, donde la ilusión de la separatividad se disipa.
Al pacificar plenamente las fluctuaciones de la mente (citta-vritti-nirodha), el Samadhi cumple su papel insustituible en la jornada yóguica: permitir que la Conciencia Pura (Purusha) deje de identificarse erróneamente con los contenidos fluctuantes de la mente y de la materia (Prakriti). El resultado final de esta maduración es el estado de Kaivalya —la liberación soberana, en la cual la conciencia reposa, de forma perpetua e inquebrantable, en su propia naturaleza esencial.